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noviembre 10, 2018

Enfoque La campaña “Clothing of Conflict” del ICOM COSTUME: un poderoso testimonio de la Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, la vestimeta, ya fuera de las fuerzas armadas o de los civiles, podría ser protectora, unificadora, distintiva, simbólica, política y personal.

Los elementos llamativos de los uniformes nacionales, por ejemplo, resaltaban la gama de países involucrados en la guerra, como los llamativos turbantes de los regimientos sij de la India. Las insignias fueron cruciales para marcar el rango e indicar las cadenas de mando, pero a menudo también demostraban la valentía y el sufrimiento de los soldados, como las tres líneas que identifican a los heridos cosidas sobre el puño de la chaqueta de color caqui del capitán Gordon Potts, Cruz Militar del 11 Batallón de los Fusileros de Lancashire (Museo de la Guerra Imperial).

Los tonos apagados de muchos de los uniformes de la Primera Guerra Mundial, los marrones, caquis y grises, se mezclaban con el sombrío y deformado paisaje embarrado, el alambre de púas y las trincheras serpenteantes; unas escenas capturadas con un realismo inquietante por los artistas de la Primera Guerra Mundial.

La uniformidad de estos uniformes podía tanto eliminar lo personal como enfatizar la dolorosa humanidad de aquellos que se vieron atrapados en la guerra, como cuando Erich Maria Remarque describió el efecto de los uniformes estándar en los nuevos reclutas jóvenes: “Usan abrigos y pantalones grises y botas, pero para la mayoría de ellos el uniforme es demasiado grande, cuelga de sus extremidades, sus hombros son demasiado estrechos, sus cuerpos son demasiado frágiles; nunca se hizo uniforme a estas medidas infantiles”.

La guerra también trajo innovaciones, y prendas de vestir desarrolladas para ayudar a los que luchaban en las trincheras pronto dejaron su huella en la vida civil. El reloj de pulsera, que sustituyó al reloj de bolsillo, surgió por primera vez como un dispositivo rápido y eficaz para los soldados en una guerra en la que la coordinación en los ataques era a menudo un elemento clave de los planes de batalla. La gabardina Burberry, ahora un producto de moda reconocida en todo el mundo, fue desarrollada para los oficiales como una defensa contra el barro húmedo de la guerra de trincheras, como se anuncia en este póster de IWM.

Mujeres vestidas para la guerra

La importancia de la vestimenta en la vida de las mujeres fue igualmente marcada. En una guerra en la que calcetar calcetines se promovía como una actividad patriótica, el papel de las mujeres estaba lejos de ser limitado al frente doméstico. La emblemática portada de Vogue de mayo de 1918, ilustrada con una mujer de aspecto sombrío, como un ángel moderno con su uniforme blanco de enfermera, representó la cruda y horrible realidad del sufrimiento humano que presenciaron quienes lo portaron. Otras mujeres adoptaron los pantalones como ropa práctica, permitiéndoles contribuir al esfuerzo de guerra como trabajadoras agrícolas y municioneras.

Los elementos militares y masculinos de la vestimenta para el trabajo también influyeron en la moda, y las revistas para mujeres se llenaron de trajes y vestidos que imitaban los detalles de los uniformes militares, con faldas más cortas que sugerían propósito y funcionalidad. Estas prendas anunciaron los cambios trascendentales en el papel de las mujeres en la sociedad en las décadas posteriores al final de la guerra.

#ClothingOfConflict

El Comité Internacional del ICOM para Museos y Colecciones de Indumentaria (ICOM Costume) lanzó el hashtag #ClothingOfConflict (Prendas del Conflicto en español) en Twitter para conmemorar el centenario del Armisticio de 1918, para observar el poderoso papel que juega la vestimenta a la hora de sacar a la luz la innovación, la transformación y la humanidad de quienes se vieron atrapados en la Gran Guerra.

Sitio web de ICOM Costume